Respecto de los niños y adolescentes en
el ámbito de la familia
Actualmente los niños y los adolescentes
usan bastante el ordenador en su propia casa y usan también Internet. Por la
falta de madurez humana y ética, propia de su edad, están particularmente
expuestos a recibir influjos negativos de diversa índole. Un reciente estudio
de la International Crime Analysis Association, titulado “Child Internet Risk
Perception”, ha puesto de manifiesto que el 77% de menores entre 8 y 13 años
usa Internet. Sólo el 26% de los padres sigue de cerca el uso que sus hijos
hacen de ese medio. El 52% de los niños entrevistados se han encontrado con
contenidos pornográficos, y el 24% de ellos ha reaccionado con curiosidad. El
13% de los entrevistados ha tenido contactos con pederastas a través de la red,
y el 70% de éstos no ha dicho nada a sus padres.

Diversos
organismos de expertos se han ocupado de este problema. Es interesante el
documento de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos titulado Your
Family and Cyberspace, del 22 de junio de 2000[5]. El documento antes citado,
La Iglesia e Internet, dice: «Por el bien de sus hijos, así como por el suyo
propio, los padres deben “aprender y poner en práctica su capacidad de
discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus
hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social”. En lo que a
Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados
con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y
supervisar a sus hijos en su uso. Si esto implica aprender más sobre Internet
de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo. La supervisión de
los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores
accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para
protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depredadores sexuales y
de otras amenazas. No debería permitírseles la exposición sin supervisión a
Internet. Los padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y
experimenta en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias
que tienen los mismos valores y preocupaciones. Aquí, el deber fundamental de
los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y
responsables de Internet, y no adictos a él, que se alejan del contacto con sus
coetáneos y con la naturaleza»[6].
Los
padres tienen que educar a los hijos también en este aspecto, dedicándoles
tiempo y haciendo un esfuerzo, si fuera necesario, para conocer la red de
Internet, ya que sus hijos la usan. Cuando se trata de menores, es moralmente
necesario protegerles mediante un sistema seguro de los que antes se ha
hablado. A la vez es muy conveniente que el ordenador conectado a la red esté
en un lugar de paso o bastante frecuentado en la casa: sala de estar, cocina si
reúne condiciones, etc. También se ha de explicar a los niños que no den
informaciones personales (por ejemplo, rellenando cuestionarios) ni entren en
contacto con desconocidos, que han de hablar con sus padres de lo que les
parezca extraño, y que han de ser prudentes con los discos que reciben de sus amigos
de la escuela, etc.[7] Si se dan las explicaciones adecuadas, los hijos verán
esas precauciones como una ayuda para hacer el uso recto del ordenador que
ellos quieren hacer, y que comprende además criterios como no “navegar” por
Internet sin rumbo fijo, para pasar el tiempo.
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